Paul Urkijo lleva años demostrando que no hace falta mirar demasiado lejos para encontrar buenas historias de fantasía y terror. Basta con rebuscar un poco entre las leyendas que nuestros antepasados contaban alrededor del fuego, cuando los bosques todavía estaban habitados por criaturas y la oscuridad era un lugar al que convenía tener cierto respeto.
Lo descubrí con «Errementari» (2017), que me conquistó con la historia de un herrero con bastante mala leche que mantenía encerrado a un demonio al que tampoco le iban demasiado bien las cosas. Una pequeña historia de fantasía oscura que recuperaba un viejo cuento popular vasco y dejaba bastante claro qué tipo de historias le gustaba contar a su director.
Después llegó «Irati» (2022), una película todavía más ambiciosa. La mitología vasca volvía a estar presente, pero esta vez dentro de una aventura medieval llena de bosques, criaturas y antiguas creencias que se resisten a desaparecer ante la llegada del cristianismo. Una película preciosa que confirmó que aún le quedaban muchas historias por contar.
Y entonces llegó «Gaua» (2025), una historia de brujería que nos traslada al siglo XVII para acompañar a Kattalin durante una larga noche en la que las brujas, los aquelarres, las viejas supersticiones y las leyendas cobran vida en la oscuridad. Huyendo de su marido, la joven se adentra en el bosque y se encuentra con tres mujeres que lavan la ropa junto al río mientras beben, comparten habladurías y cuentan historias de miedo.
La película está formada por varios relatos que poco a poco se van entrelazando y en los que su protagonista acaba teniendo mucho más que ver de lo que se imaginaba. Paul regresa a ese folclore que tanto le fascina, pero lo hace desde una mirada diferente, mucho más ligada al universo femenino.
Sentarse a hablar con Paul Urkijo siempre es un placer. Da igual que la grabadora esté encendida o que la conversación continúe después con una cerveza en la mano. Aprovechando su paso por el Festival de Sitges, charlamos tranquilamente sobre «Gaua», las brujas, la mitología y unas cuantas criaturas que probablemente sea mejor no encontrarse una noche perdido por el bosque.
El guion de «Gaua» tiene una estructura más tarantiniana, no cronológica y cargada de referentes. ¿Te ha costado más escribirlo así que tus anteriores películas, que eran más lineales?
Quizás no. Quizás lo he disfrutado mucho. O sea, esta escritura no cronológica me ha salido de una manera bastante orgánica, la verdad. Y ha sido un proceso muy divertido también. Igual en «Irati», por ejemplo, que tenía que juntar temas más históricos con una estructura más heroica y tal, al tener una estructura más clásica, igual me sentí un poquito más encorsetado. En este caso, la verdad es que lo he disfrutado mucho.

En tus películas has mostrado muchas criaturas del folclore vasco. ¿Hay algún mito, alguna criatura que todavía tengas ganas de sacar y estés dándole vueltas a dónde meterla?
Hombre, mira, de hecho quería haber metido alguno más en «Gaua». Por ejemplo, hay uno que se llama Ieltxu, que es un pájaro con cara de persona que escupe fuego.
Eso parece un Pokémon.
Sí, la verdad es que sí. Si tú lo ves en medio de la noche, lo persigues porque da luz, pero lo que haces es adentrarte todavía más en la oscuridad. Y luego hay otro que se llama Gauargi, que es una luz benigna que aparece en medio de la oscuridad y te ayuda a salir de ella. De hecho, en esta película hay una pequeña mención porque Estertxi lo cita en el hechizo para echar a Inguma.

Siguiendo con las criaturas, ¿la figura del macho cabrío en versión femenina también está documentada?
Bueno… sí. Realmente las deidades astadas paganas son andróginas. Todo lo que está vinculado a la tierra y a la fertilidad suele representarse de manera femenina y masculina. En este caso, si os fijáis, de hecho es hermafrodita. Tiene los dos sexos, tiene pene, senos y también vagina. Para mí era importante representarla como una deidad de la fertilidad y como guardiana de la naturaleza, porque en el País Vasco la consideramos así. Suele ser un amuleto, un macho cabrío negro que se tiene en los baserris para proteger el sembrado, los animales y demás.
Sí que hay un poso, un estrato pagano ahí, porque tienes deidades astadas por toda Europa. Tienes a Cernunnos, tienes a Pan, tienes, yo qué sé, a Diana también. Al final, los personajes o animales vinculados a Diana son animales astados y siempre están relacionados con la luna. Yo quería imaginar que los inquisidores se basaron en esas costumbres y en ese ideario pagano para decir: “No, no, eso es Satán”. Como siempre han hecho con el resto de los dioses paganos de todas las culturas. Cogen toda esa imaginería y dicen que son demonios. La fagocitan y la meten en el bando de los malos. Entonces he intentado jugar con todo eso a la hora de diseñar a Akerbeltz.

«Gaua» cuenta con un impresionante aquelarre en el que hay una orgía. En «El perfume» (2006), que se rodó en Barcelona, contrataron al grupo de teatro La Fura dels Baus para que coreografiaran la orgía final y estuvieron trabajando en ella durante varias semanas. ¿Cómo planteaste tú esta secuencia?
Nosotros rodamos el aquelarre como tal en tres días y lo que es la orgía en uno. Primero está la llegada y toda esa coreografía en la que aparecen bailando. Eso lo hicimos con una coreógrafa con la que diseñamos el baile. Yo tenía muy clara la estructura. Primero es como una fiesta, luego se convierte en una especie de vórtice tántrico y después llega el ritual de invocación.
Para la parte de la orgía tuvimos una coordinadora de intimidad que vigilaba un poquito ese tipo de cosas. Yo he intentado retratarlo siempre de una manera pictórica, bella y hablar del sexo de la forma más bonita posible.

Ya que hablas de ese tratamiento pictórico, ¿te inspiras en cuadros para crear las escenas y la iluminación?
No directamente, pero sí tengo ciertos referentes visuales. O sea que puedo pensar: “Ah, mira, esto se parece a lo que yo quiero”. Por ejemplo, yo qué sé, la imagen de Inguma sobre el pecho de Maritxu cuando va a estrangularla es como «La pesadilla» de Füssli. O las pinturas negras de Goya, que también están ahí. Y luego esos fondos tenebristas, como los de Caravaggio. Ese tenebrismo me gusta mucho. Pero más allá de eso y de las referencias a los grabados de la Inquisición y la brujería, no busco referencias pictóricas como tal.

Hay una relación lésbica entre las dos chicas. ¿Crees que habría funcionado de la misma manera si hubieran sido dos hombres?
Mmm… creo que en el contexto de la brujería queda mejor con dos chicas, aunque durante la caza de brujas las víctimas fueron hombres y mujeres. En el País Vasco se sabe que fue aproximadamente un 30 % de hombres y un 70 % de mujeres, algo así. La mayoría de las personas quemadas por brujería fueron mujeres.
En euskera, sorgin, que significa bruja, sirve tanto para hombres como para mujeres. Eso sí que lo he querido reivindicar. En el aquelarre hay toda clase de gente compartiendo la festividad, el sexo y la libertad. Pero esas dos figuras eran importantes para mí. Por un lado porque representan la sexualidad de la mujer y una libertad sexual que muchas veces ha sido reprimida. Por otro porque en el siglo XV existieron realmente dos mujeres llamadas Kattalin y Maritxu, en las que están basados estos personajes y que fueron juzgadas por ser amantes.

En tu proceso creativo, ¿qué va primero? ¿Escribes el guion y después decides qué personajes vas a incluir o los diseñas primero y luego los introduces en la historia?
No, realmente va todo a la par. Es un proceso creativo en el que las cosas van uniéndose en mi cabeza. De hecho, pienso mucho las historias antes de empezar a escribir. Tomo apuntes, hago bocetos, ilustraciones y, si de repente tengo muy clara una imagen, hago un arte conceptual bien acabado.
En «Irati» recuerdo que me contaste que mezclaste y fusionaste distintos personajes de la mitología. ¿Has vuelto a hacerlo en «Gaua»?
Sí. Hay veces que encuentras ciertos huecos. Los mitos son cambiantes y hay muchos personajes que se metamorfosean en ese sentido. Siempre me aprovecho de eso también para poder llevar ciertas iconografías por donde me interesa. Pero suelo ser bastante respetuoso con esto. Relleno huecos donde puedo y mezclo personajes cuando la historia lo necesita. Me sale de una manera orgánica y natural.

¿Vas a seguir en la misma línea de los proyectos que has hecho hasta ahora? Es decir, en euskera y con el folclore vasco, ¿o te gustaría cambiar algún día totalmente de género?
Tengo proyectos que van en la misma línea, con leyendas vascas y en euskera, pero…
No lo digo porque quiera que cambies, que me encanta lo que haces. Es solo por saberlo.
No, no. Lo que te digo es que por un lado sí, pero por otro me encantaría hacer otras cosas. De hecho, tengo proyectos que no son en euskera, pero sí son de género fantástico, que es lo que quiero hacer.








