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Huracán sobre la isla (1937), La ruta del tabaco (1941)

DOS FILMS «MENORES» DE JOHN FORD

Con más de 140 películas a sus espaldas en calidad de director, productor, guionista e incluso ocasional actor a principios de su carrera, John Ford es sin duda alguna uno de los indiscutibles maestros del séptimo arte.

John Ford se inició en el cine en la época muda a las órdenes de su hermano Francis que lo utilizó como «chico para todo» durante varios años, tiempo en el que se aplicó en aprender todos los trucos de oficio y por cierto con harto provecho.

Con una legión de admiradores entre los que me cuento, el tiempo por fin ha puesto a Ford en el justo lugar que le corresponde entre los más grandes directores de la historia del cine, ignorando el sambenito de «fascista» que algunos progres casposos se atrevieron a colgarle, confundiendo sus ideas políticas, claramente demócratas -en el sentido general del término y en el particular que se aplica a los seguidores de uno de los dos grande partidos políticos estadounidenses-, con las de uno de sus actores fetiches e íntimo amigo John Wayne, que nunca ocultó su simpatía por el ideario de la derecha más reaccionaria a pesar de ser un excelente actor.

Un repaso a su carrera convencerá a los más recalcitrantes detractores del «Duke», pero eso es otra historia.

 

El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance, 1962)

John Ford fue un prodigio de versatilidad lo que le permitió abordar casi todos los géneros del cine, y supo hacerlo con notable sensibilidad dejando magníficos ejemplos a lo largo de su dilatada filmografía.

En el western desde La diligencia (Stagecoach, 1939) hasta Centauros del desierto (The searchers, 1956), pasando por El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance, 1962) sin olvidar la magnífica trilogía sobre la caballería americana.

El drama y melodrama en el que dejó testimonio de su capacidad para transmitir el estado de ánimo de sus protagonistas y de su entorno social, como en Las uvas de la ira (The grapes of the wrath, 1940) o Qué verde era mi valle (How green was my valley 1941); la desenfadada comedia, género en el que desplegó su sentido del humor irlandés con las que consiguió dos de sus mejores cintas La salida de la luna (The rising of the moon, 1957) y la insuperable El hombre tranquilo (The quiet man,1952).

El cine de aventuras con África de fondo y amores imposibles como es Mogambo (Id.1953), las cintas bélicas, entre ellas la claustrofóbica La patrulla perdida (The lost patrol, 1934)… no vale la pena extenderse pero sí insistir en la habilidad de Ford, capaz de convertir cualquier guión en oro puro o por lo menos en una cinta lo suficientemente interesante como para que nunca nos defraude, pues siempre podremos encontrar algún hallazgo del realizador.

Es en estas cintas menores donde podemos comprobar la maestría de Ford, capaz de superar las limitaciones de un guión «impuesto» y sacarle el mejor partido.

 

Huracán sobre la isla, 1937Hoy nos llegan dos de esas cintas de Ford que sin ser obras importantes en su carrera, merecen la atención tanto de los estudiosos del cine como la de los seguidores del realizador.

La primera Huracán sobre la isla (The hurricane, 1937) producida por el astuto Samuel Goldwyn, está basada en una novela del inglés Charles Nordhoff escrita en colaboración con James Norman Hall que alcanzaron justo renombre por sus novelas sobre el célebre motín de la Bounty llevadas al cine por lo menos en tres ocasiones (1).

Huracán en la isla es un melodrama «colonial» que denuncia el régimen de discriminación en que vivían los indígenas de los mares del Sur, sometidos a las «caprichosas» leyes del hombre blanco, algo que nos dará qué pensar en unos días de engañosas reivindicaciones que culpan injustamente a los españoles de haber obrado despóticamente expoliando a los indígenas del continente sudamericano.

El conflicto surge cuando un contramaestre indígena golpea a un blanco que ha intentado humillarlo, derribándolo de un contundente puñetazo, gracias a lo que acabará dando con sus huesos en un penal colonial francés, lo que en la época equivalía a someterse a un durísimo régimen carcelario de trabajos forzados, cuyas penosas condiciones de vida se hallaban próximas a la esclavitud, donde el látigo se aplicaba sin el menor miramiento y los intentos de fuga eran condenados arbitrariamente doblando el tiempo de reclusión.

Nuestro protagonista no se resiste a pudrirse en el penal y tras numerosos intentos recupera la libertad para regresar con su familia.

 

El guión resulta un tanto obvio, sin embargo la cinta cuenta con el notable aliciente de unos sobresalientes efectos especiales -lo habéis adivinado-, los de huracán que se abate sobre la plácida isla ideados por James Basevi que, teniendo en cuenta en la época en que estuvieron realizados, causaron la justa admiración del público, admiración que aún perdura después de los casi 70 años transcurridos tras su rodaje.

 

Huracán sobre la isla, 1937

Vale la pena mencionar la presencia de la exótica Dorothy Lamour (2) como Manara, la indígena protagonista y el atlético Jon Hall como Terangi a quienes secundan nada menos de Mary Astor -la «mala» de ese monumento del cine negro que es El halcón maltés (The maltese Falcon, 1941) de John Huston- y Thomas Mitchel en un delicioso papel de médico borrachín inspirado con toda seguridad en su anterior caracterización como Doc Boone en la citada La diligencia dirigida por Ford un año antes que Huracán.

 

La ruta del tabaco, 1941

La segunda es La ruta del tabaco (Tobacco Road, 1941) realizada en mismo año que una de sus grandes obras, la citada Qué verde era mi valle.

La cinta es un retrato del «big sur» en el que observamos cómo la atávica pereza y secular analfabetismo de sus habitantes los condena a una secular pobreza. Los Lester, familia que protagoniza el film, son blancos, pero viven igual o peor que los sojuzgados negros sureños.

Ford nos muestra otra cara de la miseria que ya nos había pintado en esa obra maestra que es Las uvas de la ira que había realizado justamente un año antes, en 1940.

 

La diferencia es que en Las uvas los Joad intentan escapar de la pobreza buscando trabajo donde lo haya y en La ruta no existe tal empeño, los Lester viven plácidamente regodeándose de su situación y dejándose llevar por lo acontecimientos.

Como he señalado, dos caras de una misma medalla con dos diferentes tratamientos; el dramático en Las uvas y el tragicómico en La ruta. Cabe por último otra consideración, Las uvas estaba basada en una novela del gran John Steinbeck que había dejado su profunda huella dramática en el guión de Nunnally Johnson y La ruta del tabaco, guionizada por el mismo Johnson parte de una novela «menor» del hoy prácticamente olvidado Erskine Caldwell.

 

 

La ruta del tabaco, 1941La cinta cuenta con un buen reparto encabezado por el veterano Charley Grapewin, como Jeeter Lester, en el que destacamos la presencia de Gene Tierney como su hija y el estupendo Ward Bond como el garrulo Lov Bensey, otro de los actores fetiche de Ford perteneciente al círculo de alegres dipsómanos del Araner (3).

Destacaremos los equilibrios que hubo de hacer Ford para esquivar la carga erótica del guión, en una época en que el código Hayes dictaba la pacata moral oficial de Hollywood.

 

Ambos DVD,s se presentan en su formato original de cine en 4:3 / 1.33:1 con sonido en DD 2.0 siendo mejor las VSO pues las españolas suenan alarmantemente huecas.

Distribuye Impulso/Fox

 

(1) En 1935 por Frank Lloyd, con el título Motín a bordo (Mutiny on the Bounty) con Charles Laughton y Clark Gable, en 1962 por Lewis Milestone como Rebelión a bordo (Mutiny in the Bounty) con Marlon Brando y Trevor Howard y en 1984 dirigida por Roger Donaldson con Mel Gibson y Anthony Hopkins con el título La Bounty (The Bounty).

(2) Artista que se haría célebre junto a Bing Crosby u Bob Hope en la serie de películas Rumbo a…

(3) Yate de John Ford donde se reunían sus íntimos amigos.

 

 

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