Como os podéis figurar, estos días en el Festival de Sitges han sido una auténtica locura. Entre proyecciones, ruedas de prensa y entrevistas, apenas quedaba tiempo para respirar. Aun así, me las apañé para hacer un hueco en la agenda y pasarme por Brigadoon a ver el documental «Tras las huellas de un gigante», dirigido por Domingo Lizcano y Luis Esquinas, con producción de Sebastià D’Arbó. Desde luego no era ni de lejos el pase más glamuroso del festival, pero como amante del stop motion tenía claro que no podía perdérmelo, aunque eso implicara saltarme alguna película importante del Auditori.

El documental nos propone un recorrido por los rodajes que Ray Harryhausen realizó en estas tierras, desde los desiertos de Almería hasta las costas volcánicas de las islas Canarias, pasando por los estudios de Madrid y Barcelona. Una de las primeras curiosidades que se mencionan es que parte de «Simbad y la princesa» (1958) se rodó en el puerto de Barcelona, usando la carabela Santa María. Esto me dibujó una pequeña sonrisa porque recuerdo perfectamente esa réplica, que durante años estuvo amarrada en el puerto como exposición. De pequeños, muchos subimos a ese barco y jugamos sobre su cubierta, sin imaginar que había sido escenario de las aventuras del famoso marinero. También cuenta que «Los viajes de Gulliver» (1960) rodó varias de sus escenas en lugares como la Costa Brava, Segovia o las murallas de Ávila, donde se recrearon los escenarios de Lilliput.

En «La isla misteriosa» (1961), el documental nos habla de sus criaturas gigantes: el panal de abejas, el cangrejo… Sin embargo, hay un detalle fascinante que no se menciona en el documental pero que merece ser contado. Para darle vida a esta criatura mediante la técnica del stop motion, Ray Harryhausen utilizó un cangrejo real. Lo compró en un mercado, lo desmembró y vació su caparazón, al que luego incorporó un mecanismo interno que le permitió articularlo y animarlo manualmente. Son ese tipo de pequeños detalles los que hacen valorar el ingenio y la creatividad de los artistas de otros tiempos.
A lo largo del documental aparecen numerosas entrevistas a personas que trabajaron con Ray Harryhausen, desde técnicos, artistas, carpinteros, figurantes y familiares de quienes participaron en aquellas producciones. Entre los entrevistados destacan los directores de arte Fernando González y Benjamín Fernández, así como Colin Arthur, legendario creador de efectos especiales cuyo trabajo fue fundamental en varias producciones de Harryhausen. También se rescata la memoria del director artístico Gil Parrondo, responsable de decorados tan impresionantes como los de «Lawrence de Arabia» (1962) o «Doctor Zhivago» (1965), y de Emilio Ruiz, quien realizó maquetas y matte paintings para muchas de sus películas, un trabajo esencial para dar credibilidad a esos mundos fantásticos.

El documental también repasa otros rodajes míticos como «Hace un millón de años» (1966), que aprovechó las cuevas de Nerja y los paisajes de Almería para construir su mundo prehistórico. Tampoco podía faltar «El valle de Gwangi» (1969), que mezcla dinosaurios y cowboys, rodada en el desierto de Tabernas, con escenas tan inolvidables y delirantes como la pelea del dinosaurio contra un elefante en la plaza de toros o cuando lo encierran en la catedral. Por cierto, Víctor Matellano dedicó su documental «El valle de Concavenator» (2022) a esta película, inspirado en el hallazgo de restos fósiles en el mismo lugar donde se rodó. Una conexión curiosa entre el cine y la paleontología.

Lanzarote y Tenerife también se convirtieron en escenarios de «El viaje fantástico de Simbad» (1973), con paisajes volcánicos que parecen hechos a medida para criaturas mitológicas como el grifo. Y, por supuesto, «La gran aventura de Simbad» (1977) nos devuelve de nuevo a Tabernas, con paisajes que parecen casi irreales, tan bien encajan con las criaturas mágicas de Ray Harryhausen, como ese tigre-dragón que parece salido de un sueño.

Puede que no sea el documental más innovador del festival y quizá pase desapercibido dentro de la programación, pero no se le puede negar que está hecho con respeto y cariño hacia alguien que cambió el cine moviendo criaturas a mano, fotograma a fotograma, mucho antes de los efectos digitales.









Hola Jordi, muchas gracias por tus comentarios. Es verdad que de glamuroso tiene poco nuestro documental, pero está hecho el cariño y admiración que muchos fans sentimos por la magia de las técnicas tradicionales como la animación stop-motion. Fue un placer presentarlo en Sitges y conocer a buenos aficionados al cine fantástico como tú y otros que se acercaron al pase. Un abrazo.
Domingo Lizcano
Hacen falta más documentales honestos como este. Un abrazo.