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Sitges 2023. El vengador tóxico, la película más esperada del festival

Como gran amante del cine gore, la casquería, el punk y la Serie B, siento un amor incondicional por la Troma, especialmente por Toxie, el primer superhéroe de Nueva Jersey y protector de Tromaville.

Cualquier seguidor de la Troma sabe que sus películas se caracterizan por su humor obsceno, escenas gore de mal gusto, sexo y desnudos. Así que tenía muchísima curiosidad por ver si el remake de «El vengador tóxico»(1984) conservaría ese humor gamberro políticamente incorrecto, mezclado con buenas dosis de caos, locura y gore bizarro.

Como os podéis imaginar, al igual que muchos de los amantes del horror que acudimos anualmente al festival de Sitges, llevaba meses esperando que llegara el gran día en que por fin se proyectara el remake de «El vengador tóxico» (2023). A pesar de ser para muchos la película más esperada de esta edición, inexplicablemente, solo hubo una única proyección, por lo que mucha gente se quedó sin entrada.

 

 

Como breve apunte, recordemos que a principios de los años 80 la mítica productora de cine independiente de serie B, fundada en 1974 por Lloyd Kaufman y Michael Herz, tras despuntar con el salvaje slasher «El día de la madre» (1980), hizo un salto más allá y nos trajo «El vengador tóxico» (1984), el superhéroe más irreverente de la historia. Esta violenta sátira, con gore a raudales y un humor negro de lo más ácido y descerebrado, nos presentó la corrupta ciudad de Tromaville. Una población repleta de delincuentes y bandas callejeras, que tiene el dudoso honor de ser el principal vertedero de residuos tóxicos del mundo.

 

El vengador tóxico, empuñando su fregona, pronto se convirtió en un icono de la serie B, generando tres secuelas, un musical, e incluso una entrañable serie de animación titulada «Toxic crusaders» que, con un mensaje ecologista, nos ayudaba a respetar la naturaleza. No tardaron en aparecer disfraces, videojuegos, juegos de mesa, muñecos, cómics, pins, cromos, chicles y todo tipo de merchandising.

Esta crítica a la corrupción medioambiental fue un éxito escandaloso y creó su propio estilo, que se repetiría sin complejos en más de un centenar de títulos. Algunos tan emblemáticos como «Mutantes en la universidad» (1986), «Troma’s war» (1988), «Los surfistas nazis deben morir» (1987), «Tromeo y Julieta» (1996) o «Poultrygeist: Night of the chicken dead» (2006).

 

 

Ahora ha llegado el momento de hablar de este remake a lo Hollywood que, sinceramente, tiene más de «Los Vengadores» de Marvel que de la Troma. Da la sensación de que los creadores de esta nueva versión han priorizado hacer una película comercial que arriesgarse, dándole a Toxie un carácter más superheroico al estilo «Deadpool».

Dirigida por Macon Blair y apadrinada por los creadores originales, este remake y quinta entrega, cuenta con actores como Kevin Bacon y Jacob Tremblay. Destaca especialmente un irreconocible Elijah Wood con una peculiar caracterización que parece Frodo transformándose en Gollum. Pero el protagonista indiscutible es Peter Dinklage, la estrella de «Juego de Tronos», quien da vida a nuestro querido Toxie.

 

 

Al igual que la película de 1984, esta reinterpretación tiene como protagonista a un humilde empleado de mantenimiento que, tras un incidente con residuos tóxicos verdes burbujeantes, muta en un monstruoso héroe invencible. Sin embargo, el protagonista de esta versión, llamado Winston, guarda poca similitud con Melvin, el chico patoso del que se burlaban en el gimnasio de la pequeña localidad de Tromaville. Winston es un conserje de baja estatura, viudo y a cargo de un hijo adolescente, lo que aporta una nueva dimensión al personaje. A Winston le diagnostican un cáncer cerebral y le pronostican un máximo de un año de vida. Esto lleva a una ligera sátira del sistema de salud estadounidense.

 

 

Disfruté de la proyección de esta película, pero he de reconocer que me sentí algo defraudado con la secuencia de la mutación, pues carece totalmente de inspiración. Muy lejos está de la estrambótica y delirante humillación al estilo «Carrie» (1976) que todos guardamos en nuestra retina, y que por supuesto es la causante de que el pobre Melvin se deforme y se convierta en nuestro entrañable Toxie, decidido a vengarse y proteger a los oprimidos.

El humor es otro aspecto en el que el remake se queda corto. Si bien hay intentos de humor negro y satírico, estos a menudo se sienten forzados o diluidos. Eché en falta esas escenas gore de humor bizarro descaradamente punk que, de un modo delirante y cruel, llenaban la pantalla de sangre y vísceras. Tengo grabada a fuego la brutal escena en la que una pandilla de macarras juega a atropellar gente como en el videojuego «Carmageddon» (que por cierto es posterior). Se cruzan con un niño en bicicleta al que atropellan conscientemente, mientras vitorean y se preguntan cuántos puntos han obtenido por su hazaña.

 

 

Aunque este nuevo enfoque resulta entretenido e intenta emular el cine de serie B que caracterizó a la mítica productora, carece de la frescura y del espíritu canalla que la hizo famosa. En general, resulta muy convencional. Los momentos de auténtica locura son escasos y sus escenas tienden a ser predecibles. Toxie ha perdido su personalidad y no tiene ni de lejos la esencia del Vengador que conocemos. No obstante, aunque no logra capturar el ritmo salvaje del original, ofrece algunas escenas gore con mutilaciones y derramamientos de sangre que arrancan carcajadas. Se extraña el uso de efectos especiales artesanales pues abrían ayudado a conservar la esencia de un personaje tan querido por todas sus imperfecciones, dándole un toque más auténtico de Troma.

A pesar de todo lo que he criticado, este es un regreso que los fans de la Troma no os podéis perder. Existen personajes que trascienden su época, y las modas. ¿Será este el renacimiento que el vengador tóxico se merece? Solo el tiempo lo dirá.

 

 

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