Desde las enigmáticas criaturas marinas que se agitan en las profundidades del océano hasta los unicornios que pastan en el borde de la locura, esta edición del Festival de Sitges ha vuelto a recordarnos que la mitología sigue siendo un terreno fértil para el cine fantástico. No hay mejor refugio que una pantalla oscura para ver cómo los viejos relatos se transforman, sangran o mutan ante nuestros ojos.
Películas como «Mermaid», «Monster Island» o «Death of a Unicorn» nos hablan de la fragilidad y del deseo de creer en algo imposible, aunque solo sea durante noventa minutos. Nos demuestran que las leyendas no envejecen, solo cambian de piel.
También podría encajar aquí «Gaua», lo nuevo de Paul Urkijo que rescata historias de la mitología vasca, pero esta obra se merece su propio espacio. Hablé con él sobre su forma de entender el mito y el miedo. En breve compartiré esa entrevista que prometo no os dejará indiferentes.

Mermaid (Estados Unidos) de Tyler Cornack
Lo confieso, «Mermaid» captó mi atención desde el principio. Nada me parece más cautivador que una película de terror con sirenas, así que no podía perdérmela aunque se proyectara dentro de una de las maratones. Esta reinterpretación del mito aborda la marginalidad a través de la historia de un joven adicto a la metanfetamina que encuentra a una sirena herida y descubre que las criaturas de las leyendas no son tan bellas ni tan inofensivas como nos han contado. Pintaba genial, pero menuda decepción.
El protagonista es un fracasado que trabaja limpiando la pecera de un club de striptease en Florida. Está ahogado en deudas y un día, cuando está a punto de acabar con todo, encuentra a una sirena flotando medio muerta junto a su bote. A pesar de su aspecto monstruoso, con el cuerpo cubierto de escamas, decide llevarla a casa y tratarla como si fuera su novia, dándole pastillas para calmar su odio hacia sí mismo.
Los hombres siempre han caído rendidos ante las sirenas, pero nunca de esta manera. Aquí lo fantástico y lo romántico se entrelazan en un vínculo enfermizo, un romance unilateral que trasciende las barreras del lenguaje y la apariencia física. No nos engañemos, esto no tiene nada que ver con «La forma del agua» (2017) de Guillermo del Toro. Esto no es un cuento de hadas, no hay magia ni una conexión real. La sirena es una criatura monstruosa que emite chillidos guturales y vomita bilis negra. Además, casi todo ocurre a plena luz del día, mostrando sin disimulo su aspecto aterrador, hecho para las pesadillas.
Aunque la premisa prometía terror acuático, el resultado es un thriller confuso con gánsters y toques de comedia involuntaria que carece de ritmo y tensión. La trama es lastimosa, no se sostiene y los diálogos se hacen eternos sin llegar a ninguna parte. Lo único que se salva es la caracterización monstruosa de la sirena. Pretende ser una película perturbadora, pero su humor absurdo y su caos narrativo solo amplifican la sensación de desorden. «Mermaid» tiene ese estilo ridículamente yanqui que intenta ser profundo y solo consigue aburrir. El resto es un naufragio.
Monster Island (Singapur, Indonesia) de Mike Wiluan
En plena Segunda Guerra Mundial, un barco japonés que transporta prisioneros es alcanzado por un torpedo aliado. Dos de ellos, un soldado americano y un traidor japonés encadenados entre sí, logran sobrevivir y acaban como náufragos en una isla que parece desierta. Muy pronto descubren que no están solos. Un depredador anfibio acecha entre las sombras y no tarda en darles caza.
Como curiosidad, «Monster Island» se inspira en una leyenda del sudeste asiático. El Orang Ikan, que significa literalmente hombre pez, forma parte del folclore indonesio. Esta criatura similar a críptidos como el Bigfoot o Mothman, es poco conocida fuera de Asia. En los años cuarenta, varios marineros afirmaron haberla avistado en unas islas del este de Indonesia, lo que añade un toque intrigante a la historia.
Es una película de serie B sin grandes pretensiones, centrada en la lucha por la supervivencia. Con ecos de «El monstruo de la laguna negra» (1954) y «Depredador» (1987), combina cine bélico, aventura y terror con el encanto artesanal del cine clásico. Aunque la historia es predecible, el diseño de las criaturas y la tensión constante logran mantener el interés. Modesta pero efectiva, es ideal para quienes disfrutan de los efectos especiales de la vieja escuela.
Death of a Unicorn (Estados Unidos) de Alex Scharfman
«Death of a Unicorn» es una comedia fantástica que critica sin piedad a la industria farmacéutica. Aquí no encontraréis colores del arco iris, sino gore, humor negro y escenas gamberras de lo más grotescas. Todo empieza cuando un padre y su hija atropellan accidentalmente a un unicornio en un bosque, desencadenando una serie de eventos que ponen en peligro el frágil equilibrio entre el mundo mágico y el humano.
El reparto está lleno de caras conocidas, destacando una impecable Jenna Ortega que sigue consolidándose como actriz de moda tras su papel de Miércoles Addams en la serie de Netflix y películas como «X» (2022), «Scream VI» (2023) o «Bitelchús Bitelchús» (2024).
La película se inspira en una serie de tapices medievales conocidos como «La caza del unicornio». Estas obras, cargadas de simbolismo, han dado pie a todo tipo de teorías. En este caso sirven como guiño a la conexión entre ambos mundos y a los conflictos que surgen cuando la codicia y el poder intentan apropiarse de lo inalcanzable.
Los efectos especiales son algo irregulares, pero la película es frenética, divertida y está repleta de personajes tan insufribles como despreciables que te hacen desear que mueran de la forma más horrible posible. No esperéis grandes reflexiones, pero es perfecta para disfrutar de su caos irreverente.






