Hoy os quiero hablar del Fangofest, un festival pequeño perdido en el Delta del Ebro donde el arroz huele a sangre y las cervezas corren tan rápido como las historias. No hay pretensiones ni distancias, solo cine, risas y gente que te hace sentir parte de la familia aunque acabes de llegar.
Aterricé el sábado a Amposta con el tiempo justo para dejar la mochila, comer algo y acercarme al Fangofest, donde me esperaban. Desde el primer momento se notaba el buen ambiente. Todo el mundo hablaba de cine, había risas, abrazos y esa sensación de estar entre gente que se conoce aunque a muchos no los hayas visto nunca. Empecé con «Historias de Halloween» (2024), una antología con espíritu «Creepshow» (1982) que intenta recuperar el encanto de los relatos cortos de terror. No es redonda, le falta malicia y los finales piden más veneno, pero es simpática y tiene un reparto lleno de caras conocidas. Perfecta para arrancar el festival con una sonrisa.
Después llegaron los cortos, el verdadero corazón del Fangofest. Historias que van del terror puro al humor más salvaje, con ese espíritu artesanal que solo se respira en los festivales hechos con pasión. «Berta» fue la ganadora, una especie de «Hard Candy» (2005) con mirada femenina, directa, seca y sin concesiones. Pero más allá de los premios, lo importante era el ambiente. Algunos directores estaban allí, compartiendo nervios, risas y aplausos sinceros.
Cada año el Fangofest homenajea a alguien del género con una charla entre amigos y un premio entregado con pasión. Este año el galardón Pont de l’Infern fue para Carlos Martín Ferrera, director de «La jauría» (2009) y «El año de la plaga» (2018). Compartió anécdotas, repasó su carrera y por la noche proyectaron sus películas. Yo, que ya las había visto, elegí otra ruta, la de las cervezas y las conversaciones. En festivales así también se trabaja en la barra y a veces los mejores contactos se hacen entre brindis y carcajadas.
El domingo hice una parada antes de recoger: la exposición “Crucifixion” de Adrián Cardona en el Museu de les Terres de l’Ebre. Pintura visceral y salvaje, humor negro y energía pura. Cardona es el responsable de cortos de culto como «Brutal Relax» y «Fist of Jesus», esa comedia gore religiosa que está convirtiendo en largometraje y que lleva años rodando en Ibiza. Hay muchas ganas de verla y promete ser una locura divina.
Después llegó el broche final. Jacint Espuny, director del Fangofest y alma del festival, me había invitado a comer paella con todo el equipo. Una mesa llena de risas, cerveza, anécdotas y ese tipo de conversación que se alarga sin que nadie mire el reloj. Son gente humilde, cercana, de las que te hacen sentir parte del grupo sin necesidad de presentaciones. Allí nadie va de estrella. Se comparte mesa, se habla de cine y se brinda por seguir rodando, por seguir soñando. Y entre plato y plato, uno entiende por qué este festival tiene algo especial.
Cuando el coche arrancó, pensé que ojalá todos los festivales fueran así. Sinceros, divertidos y con cerveza fría. Me lo pasé genial y espero poder repetir otro año.

















