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El dolor del estigma. “Alpha” inaugura Sitges 2025 con el mármol como metáfora del SIDA

Alpha, inauguración de Sitges 2025Alpha, inauguración de Sitges 2025

La 58ª edición del Festival de Sitges ha comenzado con «Alpha», la nueva película de la directora francesa Julia Ducournau, una de las voces más transgresoras del cine europeo actual. Una inauguración que no ha dejado indiferente a nadie, dividiendo al público desde el primer minuto, dejando entrever ecos del terror corporal que definió sus anteriores trabajos. «Alpha» es ante todo una metáfora del estigma y del rechazo social durante la epidemia del SIDA.

Ambientada en lo que aparentan ser los años noventa, se centra en Alpha, una adolescente que llega a casa borracha después de una fiesta con un tatuaje mal hecho y sin ninguna medida higiénica. Su madre, que es doctora en un hospital, teme que se haya contagiado de una enfermedad devastadora que petrifica lenta y dolorosamente a las personas hasta convertirlas en estatuas de mármol. Sus compañeros de clase empiezan a sospechar que puede haberse infectado y comienzan a marginarla. La directora no se detiene en el sufrimiento individual de esta chica de trece años, sino que introduce también la figura de su tío, un drogadicto que lucha contra sus propios demonios mientras afronta los primeros síntomas de la infección.

 

Alpha, de Julia Ducournau
Alpha, de Julia Ducournau

 

Este enfoque más introspectivo se aleja de las expectativas que muchos habíamos depositado en ella, especialmente después de lo que vimos en sus anteriores películas. En «Crudo» (2016) narraba el despertar físico y emocional de una joven vegetariana que, tras probar carne por primera vez, descubría un apetito carnívoro insaciable. Exploraba el deseo reprimido y la transformación personal desde un enfoque brutal y profundamente físico. Más tarde, con «Titane» (2021), llevó su obsesión por el cuerpo al límite con una historia tan provocadora como inclasificable, en la que una asesina en serie mantenía una relación íntima con un coche. Una película que le valió la Palma de Oro en Cannes.

En este punto conviene dejar claro que «Alpha» no es una película de terror, sino un drama puro y duro. Aunque mantiene su interés por el cuerpo y sus transformaciones, el foco está en el impacto social y en cómo el miedo al contagio genera odio y exclusión. A ratos se hace larga y algo pretenciosa, más preocupada por ser trascendente que por emocionar. No es mala, pero yo no la habría elegido para inaugurar Sitges.

 

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