Título original: Sirât Distribuida por: BeTeam Pictures Director: Oliver Laxe Producción: Filmes Da Hermida, El Deseo, Movistar Plus+, 4A4 Productions, Uri Films. Guión: Oliver Laxe, Santiago Fillol Reparto: Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid, Stephania Gadda, Richard Bellamyun, Tonin Javier, Joshua Liam Henderson, Kangding Ray. Fotografía: Mauro Herce Música: Kangding Ray Género: Drama, Road Movie. País: España, Francia Año: 2025 Recomendada para mayores de: Duración película: 114 minutos Estreno en cines: 6 de Junio de 2025
Cuarto largometraje del director Oliver Laxe, Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2025.
Sinopsis
Un hombre (Sergi López) y su hijo (Bruno Núñez) llegan a una rave perdida en Marruecos. Buscan a Mar, su hija y hermana, desaparecida hace meses en una de esas fiestas sin amanecer. Reparten su foto una y otra vez rodeados de música electrónica y un tipo de libertad que desconocen. Conocen a un grupo de raveros y deciden seguirlos a una última fiesta que se celebrará en el desierto, donde esperan encontrar a la joven desaparecida.

Opinión
Sirat apunta a ser una película ambiciosa y espiritual, pero a menudo queda flotando en su propia superficie. Pese a sus grandes aspiraciones visuales y metafísicas, lo que entrega el místico realizador gallego sabe más a polvo y artificio que a viaje trascendental.

La película parte de una premisa potente: un padre busca a su hija desaparecida, acompañado por su hijo menor y el perro de la familia. Pero desde el primer tramo del viaje, la narración cae en decisiones dramáticas poco verosímiles: el padre actúa como un incauto, empujando a todos hacia la tragedia más previsible por pura negligencia. Una historia que podría haber sido íntima y conmovedora se ve atrapada por trampas de guión y por una puesta en escena que busca impacto más que verdad.

Las secuencias visuales, por momentos atractivas, recurren a una estética de la devastación repetitiva. La larguísima escena de detonaciones en el desierto —sobre un supuesto campo minado en medio de un paraje absolutamente estéril— parece más un exceso performativo que una metáfora con sentido real. ¿Qué sentido tiene luchar por un territorio tan absolutamente inhabitable? ¿Hay bajo los pies de los personajes una capa simbólica de geopolítica y de tierras raras por explotar? Quizás, pero la película no lo trabaja con claridad ni profundidad.
Ni siquiera los intérpretes profesionales consiguen dar espesor a sus personajes: Sergi López parece caminar errático entre los diálogos, y los compañeros de viaje —más que pobres diablos heroicos— resultan arquetipos vacíos, ajenos al sufrimiento real.
El techno que invade la banda sonora pretende crear un estado de trance o comunión espiritual, pero su calidad cuestionable y su uso insistente generan el efecto contrario: distancia antes que inmersión. La escena final, con los supervivientes embarcados en lo que parece un tren de turismo surrealista a través del desierto, carece de tensión o verosimilitud y reduce el desenlace a una excursión sin alma.

Laxe parece admirar películas como Freaks, Danzad, danzad malditos y, sin duda, Meek’s Cutoff, cuyas composiciones visuales y tono austero parecen estar replicados aquí. Pero, a diferencia de esas obras, Sirat no alcanza ni la profundidad emocional ni el compromiso existencial que pretende. Lo crudo del entorno no se convierte en experiencia sensorial significativa, y lo trascendente se queda en promesa no cumplida.

Más allá del elogio crítico que ha recibido, Sirat deja la sensación de ser un proyecto sobredimensionado. No se trata de cuestionar sus intenciones, que son legítimas y valientes, sino de lamentar que su resultado final se quede en alegoría estética antes que en experiencia humana real. Mucho polvo, mucho ruido, y finalmente, poco eco.

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Valoración artística






