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Folk Horror: Dos caras de la misma moneda

En el cine de terror contemporáneo, las historias más inquietantes suelen explorar terrores profundamente humanos. Este es el caso del folk horror, un subgénero donde las antiguas creencias, las leyendas y la superstición se mezclan con la opresión religiosa y los rígidos códigos sociales.

«El baño del diablo» y «Witte Wieven» son dos obras recientes que ofrecen un fascinante contraste dentro de este género. Ambas nos transportan al siglo XVIII, a pueblos remotos donde la fe religiosa dictaba cada aspecto de la vida. Sus protagonistas, mujeres atrapadas entre las expectativas sociales y sus propios demonios internos, muestran dos caras del mismo terror: la opresión religiosa y el peso aplastante de la maternidad.

Pocas películas han generado tanto debate como «El baño del diablo», triunfadora en el Festival de Sitges y en TerrorMolins. Esta obra prescinde del horror sobrenatural para contar un drama sombrío sobre una mujer que lucha contra una depresión devastadora. Inspirada en hechos reales, retrata una época en la que el suicidio era un pecado mortal, mientras que una ejecución, si iba acompañada de arrepentimiento, garantizaba la salvación. Es un retrato crudo de la lucha entre el deseo de acabar con todo y el terror a la condena eterna, donde la religión, en lugar de consuelo, se convierte en otra forma de tormento.

 

 

Por otro lado, «Witte Wieven», que también formó parte de ambos certámenes pero pasó más desapercibida, toma un camino más directo. En apenas una hora, abraza el horror sobrenatural y nos sumerge en un relato donde las leyendas cobran vida. Las dos películas son como hermanas que tomaron caminos diferentes, pero ambas dejan la misma inquietante reflexión sobre la desesperación que puede llevar a buscar escape en lo sobrenatural… o en la propia muerte.

 

 

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