El canal de televisión DARK, dedicado íntegramente al terror, presentó este año en el Festival de Sitges la serie «Hay algo en el bosque», que combina elementos de cine fantástico con guiños a películas de terror y un humor gamberro y desenfadado.
«Hay algo en el bosque» es una serie antológica de ocho episodios, rodada en el País Vasco, que ha cosechado éxito en Latinoamérica, donde se ha proyectado en el canal Disney+. Creada y dirigida por Nicolás Amelio-Ortiz y Gastón Haag, su reparto incluye rostros conocidos como Iván Massagué, Angy Fernández, Zorion Eguileor, Tomás Pozzi, Carmen Ruiz, Alfonso Agra, Laura Laprida y Javier Botet, este último todo un referente en el género de terror.

Tenía curiosidad por esta serie, ya que hace unos años, cuando comenzaba a editar vídeos, conocí a uno de sus co-creadores. Fue buscando tutoriales de Premiere y After Effects, que me encontré con Nicolás Amelio-Ortiz y su canal de YouTube, Zepfilms. Por ello, decidí asistir a la presentación, a la proyección de los capítulos 1 y 3, y a la posterior rueda de prensa con los directores y gran parte del reparto.

Si habéis leído bien, se saltaron el segundo episodio. Por eso, inauguré la rueda de prensa preguntando si los capítulos tenían continuidad entre sí o si eran historias independientes. Los directores aclararon que, aunque los episodios son autoconclusivos y funcionan por sí mismos, están conectados por una premisa común, y algunos de ellos llegan incluso a cruzarse. La elección de estos dos capítulos específicos respondía al deseo de mostrar uno dirigido por cada uno.

Zorion Eguileor, recordado por su papel en «El Hoyo» (2019), cuya secuela acaba de estrenarse en Netflix, ejerce como una especie de maestro de ceremonias al estilo del Tío Creepy o el Guardián de la Cripta. Su personaje presenta cada relato de este cóctel de terror y fantasía, añadiendo un toque clásico y nostálgico al conjunto.

¿De qué trata la serie? Son un conjunto de historias autoconclusivas que giran en torno a unas cabañas perdidas en medio de un bosque, donde ocurren todo tipo de fenómenos paranormales. A medida que avanza, descubrimos que hay una conexión oculta entre las historias. Cada capítulo sigue a diferentes personajes que, por diversas razones, acaban en estas cabañas. A lo largo de la serie, los protagonistas se enfrentan a todo tipo de seres sobrenaturales, desde zombis y alienígenas, hasta duendes, hombres lobo e incluso una raíz de mandrágora con muy mal carácter.

Aunque el tono puede parecer demasiado infantil y simplón, debo reconocer que la idea de la serie me parece muy interesante. A pesar de que no conecté del todo con los dos episodios que vi, es una propuesta que tiene a su favor su corta duración, ya que cada episodio dura apenas 25 minutos, lo que la hace ligera y fácil de disfrutar. Durante la proyección en Sitges, había un sector del público que no paraba de reír a carcajadas, lo que demuestra que, sin duda, tiene su público.

Es entretenimiento sin dobles lecturas ni metáforas complejas, una propuesta de humor absurdo que puede gustar o no, pero lo que no se le puede negar es su amor por lo sobrenatural. Esto queda claro desde los créditos iniciales, a lo largo de los episodios abundan los guiños y referencias a míticas películas de terror. Entre las referencias más evidentes encontramos «Posesión infernal» de Sam Raimi y un coche diabólico que recuerda a «Christine» de Stephen King.
Lo mejor de la serie es que es muy cortita, así que si tenéis ocasión, lo mejor es que os perdáis en el bosque y la juzguéis por vosotros mismos.






